Agricultura Industrial y su conecxión con COVID

Agricultura Industrial y su conecxión con COVID

por Tamara McFarland, Cooperation Humboldt

La agricultura industrial se refiere a la producción intensiva a gran escala en cuanto a la agricultura y ganadería, a menudo implica fertilizantes químicos y pesticidas en los cultivos con uso rutinario y nocivo, usando antibióticos en animales (incluso cuando no se encuentran enfermos).

Este sistema está destruyendo nuestro medio ambiente y tiene efectos devastadores en la salud, especialmente en las comunidades marginadas por su color o personas racializadas. Estos impactos están profundamente conectados: lo que hacemos a nuestro medio ambiente, nos lo hacemos a nosotros mismos.

La pandemia de COVID-19 ha traido a flote muchas fallas en nuestros sistemas, incluida la agricultura a gran escala ( Big Ag)  y cooporaciones controlando el mercado (Big Food), han estado destruyendo nuestro medio ambiente y nuestra salud durante décadas.

En pocas palabras, el modelo actual de producción de alimentos no es compatible con la existencia humana a largo plazo en este planeta.

  • La agricultura industrial es directamente responsable de la destrucción los recursos acuícolas y las zonas de pesca, creando zonas de muerte en los oceanos, aniquilando los grandes barreras de arrecifes, y la pérdida de praderas y pastizales nativos (que son hábitats esenciales para las aves) y la extinción de los polinizadores de los que depende la producción de alimentos.
  • La producción de alimentos genera emisiones de dióxido de carbono, metano y otros gases que provocan el incremento de temperatura en el planeta, a través del desmonte y la deforestación,  los desechos por el ganado y otros animales, y la producción y uso de fertilizantes. Las emisiones son equivalentes a aproximadamente el 30% de las emisiones globales.
  • La agricultura a gran escala ha agotado nuestros suelos a través del uso inadecuado de la tierra y la aplicación de pesticidas, herbicidas, fungicidas y antibióticos. Sin un suelo sano, no podemos cultivar alimentos nutritivos. En este país, la capa superficial del suelo se está erosionando actualmente 10 veces más rápido de su capacidad de recuperación.

La descentralización enfocada en la distribución de los alimentos es mas estable cuando depende de transporte a corta distancia. Un suministro de alimentos descentralizado y enfocado a nivel local es más estable que uno que se basa en el transporte de alimentos a largas distancias. Los sistemas regionales nos hacen más resistentes frente a futuras pandemias y otros inconvenientes. Cuando las cadenas de suministro se encuentran bajo conflictos, como una pandemia, un terremoto u otro desastre, la importancia de la producción local de alimentos se vuelve muy clara.

Conozca y apoye a sus agricultores locales y otros productores de alimentos. Cultivar tu propia comida. Comparte tus conocimientos y comida con tus vecinos. Su salud y la salud de tu comunidad dependen de esto.

Nue-ne-pueh Mehl Kee Tey-nem’mo-nee ‘Oohl

Nue-ne-pueh Mehl Kee Tey-nem’mo-nee ‘Oohl

(Comida para el pueblo)

de Taylor Thompson | fotografías de Louisa McCovey

 

Cocción de salmón al estilo tradicional en palitos de secuoya / crédito de la foto: Louisa McCovey

El pueblo Yurok ha permanecido existiendo sobre la  parte inferior del río Klamath y las aldeas que se encuentran a lo largo de la costa del Pacífico desde Noohl Hee-Kon (tiempo inmemorable). La tribu Yurok es la tribu indígena mas grande de California reconocida a nivel federal, con más de 6.290 miembros. La gente del pueblo Yurok continúa residiendo en aldeas y comunidades a lo largo del Territorio Ancestral, incluidas algunas partes de los condados  del Norte y Humboldt, y se extiende mucho más allá de los límites actuales de la Reserva India Yurok.

El borde costero del Territorio Ancestral Yurok se extiende desde la cuenca de drenaje del río Little en su frontera sur, incluyendo Trinidad y Orick, hasta Damnation Creek en el norte. El territorio se extiende a lo largo del río Klamath a través de la cuenca de drenaje de Bluff Creek, incluye una parte del río Trinity y secciones del Parque Nacional y Estatal Redwood y el Bosque Nacional Six Rivers.

Hoy en día, la Reserva India Yurok forma parte de tierras a una milla por cada lado de las 46 millas del río Klamat,  justo por encima de la confluencia del río Trinity en Weitchpec hasta la desembocadura del río en el Océano Pacífico, abarcando más de 55,000 hectáreas.

La gente de Yurok es conocida como buenos pescadores,  cazadores, tejedores de cestas, fabricantes de canoas, narradores de historias, cantantes, bailarines, curanderos y persona medicina . La gente del pueblo Yurok siempre ha confiado en las múltiples ofertas alimenticias  que ofrece el río Klamath, la costa del Pacífico y algunas áreas de su interior. Algunos ejemplos incluyen ney-puy (salmón), kaa-ka (esturión), kwor-ror (pez vela), pee-ee (mejillones), chey-gel ‘(algas), woo-mehl (bellotas), puuek (ciervos) , mey-weehl (alce), ley-chehl (bayas) y wey-yok-seep (tés).

Desde la llegada de los Europeos Americanos, en el pueblo Yurok su sistema alimentario tradicionales se han resentido. Los efectos del intento de genocidio, el cambio climático global, los sistemas agrícolas suplantados, y las prácticas tradicionales de gestión de la tierra fuera de regulación, la sobrepesca por parte de colonos no indígenas, la mala gestión de la naturaleza, la construcción de represas en canales fluviales y muchos otros problemas están teniendo efectos reales en la capacidad del pueblo Yurok para acceder a sus alimentos tradicionales. El USDA ha declarado la Reserva India Yurok como un desierto alimenticio, los residentes del pueblo tienen que conducir más de una hora para llegar al supermercado más cercano. Aquellos que no tienen un vehículo, tienen que buscar alguien que les haga las compras, dependen del sistema de transporte público local, a menudo impredecible, donde el viaje puede tomar un día entero.

Uno de los muchos enfoques para restaurar el acceso a los alimentos tradicionales es abordar la inseguridad alimentaria dentro de la Reserva, la Tribu Yurok creó la División de Soberanía Alimentaria, una subsección del Programa Ambiental de la Tribu Yurok. Aunque la División de Soberanía Alimentaria había estado en desarrollo durante un tiempo, en el momento de la pandemia de COVID-19, se expuso la fragilidad de los sistemas alimentarios, fueron aún mas claras las necesidad de un programa de alimentos centralizado dentro de la Tribu Yurok. Fundada oficialmente en agosto de 2020, la División de Soberanía Alimentaria ha establecido un objetivo general de lograr la soberanía alimentaria de la tribu Yurok. Para esta meta, la soberanía alimentaria del pueblo Yurok tienen necesidades alimentarias, tanto en el sentido nutricional como cultural, satisfacer a un nivel en el que se pueda prosperar sin depender de sistemas alimentarios externos.

Para restaurar la soberanía alimentaria en su totalidad de la tribu Yurok, la División de la Soberanía Alimentaria está trabajando para crear un sistema alimentario holístico mediante el desarrollo de aldeas alimentarias, llamadas Nue-ne-pueh Mehl Kee Tey-nem’mo-nee ‘Oohl (Alimentos para el Personas), en toda la Reserva y eventualmente en todo el Territorio Ancestral. Completamente actualizado, cada Nue-ne-pueh Mehl Kee Tey-nem’mo-nee ‘Oohl incluirá un edificio inspirado en las casas tradicionales del pueblo Yurok que proporcionará a la comunidad local y a los empleados de Soberanía Alimentaria un espacio para la enseñanza y el aprendizaje, preservación, procesamiento y técnicas de cocción para alimentos tradicionales. Tendrán espacios en jardínes, invernaderos y estructuras que permitirán que los miembros de la comunidad aprendan sobre la producción de alimentos en el lugar. Nue-ne-pueh Mehl Kee Tey-nem’mo-nee ‘Oohl incorporará agricultura regenerativa, energías renovables  y prácticas tradicionales de gestión de la tierra Yurok, incluidos la tradicional roza y quema.

Aunque hay mucho más trabajo por hacer para crear los primeros tres Nue-ne-pueh Mehl Kee Tey-nem’mo-nee ‘Oohl dentro de la Reserva, el proyecto ha recibido un respaldo significativo de la comunidad, el Consejo Tribal Yurok y fundadoreres de las regiones circundantes para  comenzar el desarrollo del proyecto.

La tribu Yurok recientemente compró una propiedad adyacente a la escuela primaria en Klamath que será el sitio de Nue-ne-pueh Mehl Kee Tey-nem’mo-nee ‘Oohl para esa comunidad. Se ha obtenido financiamiento externo para el personal que trabajará ahí y para comenzar a crear su espacio de producción de alimentos; el componente del jardín se llamará “O goo-hehl (jardín).

Aunque las asociaciones actuales con otros grupos centrados en programas alimentarios comunitarios ayudarán a desarrollar los componentes de producción de alimentos de los tres sitios planificados, existe la necesidad de apoyo adicionales, ya que el objetivo de la soberanía alimentaria requerirá esfuerzos significativos alrededor de la producción, procesamiento y distribución de alimentos. .

Más allá de establecer y expandir la producción de alimentos en los tres sitios Nue-ne-pueh Mehl Kee Tey-nem’mo-nee ‘Oohl, la División de Soberanía Alimentaria está trabajando para obtener fondos para la creación de estos edificios centralizados de forma tradicional. Los edificios permitirán la expansión de nuestra capacidad educativa actual, de la granja a la escuela y brindarán espacio para que la gente del pueblo Yurok aprenda la producción, conservación, procesamiento y cómo cocinar los alimentos tradicionales y contemporáneos, que ayudarán a fomentar la comunicación de conocimientos y tradiciones que han existido por generaciones y  que aumentarán la capacidad de la Tribu para autosustentarse.

Sopa de bellotas preparada tradicionalmente; cesta y cuchara hechos por Deborah McConnell / crédito de la foto: Louisa McCovey

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Taylor Thompson (el) Gerente de la División de Soberanía Alimentaria del Programa Ambiental de la Tribu Yurok.

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Louisa McCovey (ella) es la Directora del Programa Ambiental de la Tribu Yurok.

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Desarraigar el racismo: sembrar la soberanía

Desarraigar el racismo: sembrar la soberanía

Nuestro sistema alimentario  se ha construido sobre tierras robadas y explotación de mano de obra.  

por Leah Penniman, Soul Fire Farms; reimpreso con permiso de Soul Fire Farm y Food Solutions New England

Autor de la foto: Soul Fire Farm

El racismo está insertado en el ADN del sistema alimentario de los Estados Unidos. Comenzó con el robo genocida de tierras de personas de las Primeras Naciones y continuó con el secuestro de nuestros ancestros​​en las costas de África occidental. Bajo la brutalidad del látigo y la ruptura de las familias, los africanos esclavizados cultivaron el tabaco y el algodón que enriquecieron a Estados Unidos.

Pero esta historia no se termina con la Proclamación de Emancipación. Más tarde comenzó la renta de convictos, una forma de legalizar la esclavitud, y que mantuvo a muchos esclavos del sur en las plantaciones, en algunos lugares hasta finales de 1920. Décadas después, el Congreso creó el programa para trabajadores huéspedes migrantes agricultores de México y otros países para trabajar en los campos con bajos salarios.

Todas estas historias han ayudado a producir el racismo que veo el día de hoy en mi trabajo como agricultor y activista en torno a la justicia alimentaria. Dirigir una granja es una de las profesiones mas blancas, mientras que las labores del campo predomina lo moreno y explotación. Mientras las personas de color tienen que sufrir problemas relacionados con la dieta como la diabetes, la obesidad, y vivir  apartados de la posibilidad de adquirir alimentos sanos en veciendarios donde predominta la comida rápida y tienditas de la esquina que carecen de alimentos nutritivos. Algunos autores mencionan estas áreas como desiertos de alimentos, yo prefiero llamarlos áreas apartadas de alimentos, porque se basa en un sistema de segregación humana sin considerar su naturaleza.

Nuestro sistema alimentario necesita un rediseño que nos alimente sin perpetuar el racismo y la opresión, nuestras madres entrelazaron en sus cabellos semillas de arroz y ocra pensando en una futura cosecha frente a la realidad brutal de abordar barcos de esclavos, menteniendo el coraje y la esperanza en tiempos tan oscuros.

Así como nuestras madres ancestrales trenzaron semillas de arroz y quimbombó en su cabello antes de abordar barcos de esclavos, creyendo en un futuro de cosecha frente a la brutalidad, así debemos mantener el coraje y la esperanza en estos tiempos aterradores.

Nos dirigimos hacia un sistema alimentario justo, abandonando la mentalidad racista y colonizadora. Las comunidades que se encuentran enfrentando esta problemática son principalente negros y latinos, así como gente indrígena, refugiados e inmigrantes, y son criminalizados por un sistema penal. Necesitamos escuchar antes de hablar, siguiendo la línea de los problemas que nos afectan actualmente. Aquí hay tres cosas que nos piden los granjeros negros, indígenas  y gente de color.

FORESIGHT de Naima Penniman / grabados y otros productos disponibles en www.soul-fire-farm.myshopify.com

UNO. JUSTICIA AGRÍCOLA

Más de  tres cuartos de nuestros alimentos son cultivados por trabajadores nacidos en el extranjero, predominantemente latinos o hispanos. Sin embargo, los trabajadores de las granjas son excluidos de muchos derechos laborales basados en la Ley Nacional de Relaciones Laborales (NLRA) y la Ley de Normas Laborales Justas (FLSA), negociando derechos colectivamente, tomando en cuenta límitar horas extras, restringir el trabajo infantil y una compensación para asegurarse durante el trabajo. Muchos trabajadores agrícolas reciben salarios basados ​​en “tarifa por pieza”, p. Ej. 85 centavos por caja de naranjas de 90 libras. Bajo estas prácticas los trabajadores agrícolas son mal pagados, un tercio de los trabajodores agrícolas obtienen menos que el salario mínimo .  Grandes corporaciones ahora controlan el 50% de la producción alimentaria en este país y  presionan para mantener la mano de obra agrícola barata.

¿Qué podemos hacer? Apoyar la Ley de Equidad para los Trabajadores Agrícolas del 2019. Las personas que alimentan a nuestras familias merecen protección total bajo la NLRA y la FLSA, incluido el salario digno, vivienda y transporte seguros, descansos, pago de horas extras, compensación de trabajadores y seguro de desempleo, protección contra la exposición a pesticidas y el derecho a negociar colectivamente.

DOS. REDISTRIBUCIÓN DE TIERRAS Y RECURSOS

Los colonizadores europeos se apoderaron de 1.500 millones de acres de tierra de los nativos americanos y las Naciones Unidas dicen que Estados Unidos debería devolverlos. Los afroamericanos también son víctimas del abuso en el acaparamiento de tierras. En 1920, el 14% de todos los agricultores estadounidenses propietarios de tierras eran negros y hoy menos del 2% de las granjas están controladas por negros, una pérdida de más de 14 millones de acres. En 1982, la Comisión de Derechos Civiles de los Estados Unidos determinó que la discriminación del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) fue la razón principal por la que los granjeros negros fueron despojados de sus tierras. Las crecientes discrepancias entre los blancos y los negros sobre pertenecer la tierra en este país reflejan la creciente brecha de riqueza, aumentando 8: 1 en 2010 a 13: 1 en 2013. Ralph Paige, de la Federación de Cooperativas del Sur, expresó simplemente: “La Tierra es la única riqueza real en este país y si no poseemos ninguna, estaremos fuera de escena “.

¿Qué podemos hacer? Contribuir al trabajo de fideicomiso de tierras liderado por BIPOC de la Alianza Nacional Negra por la Justicia y la Comida, la Red de Agricultores Orgánicos Afroamericanos del Sureste y el Fideicomiso de Tierras de los Agricultores del Noreste de Color. Apoyar a los agricultores negros, de color e indígeneas, comprando sus productos y ofreciendo su tiempo como voluntario.

TRES. ACCESO A LOS ALIMENTOS DIGNOS

Aproximadamente 50 millones de estadounidenses padecen inseguridad alimentaria, y la mitad de esas personas viven en desiertos alimentarios, donde es difícil o imposible acceder a alimentos saludables y asequibles. Esta tendencia no es neutral desde el punto de vista racial. Los vecindarios blancos tienen un promedio de cuatro veces más supermercados que las comunidades predominantemente negras. Esta falta de acceso a alimentos digna tiene consecuencias terribles para nuestras comunidades. La incidencia de diabetes, obesidad y enfermedades cardíacas está aumentando en todas las poblaciones, pero los mayores aumentos se han producido entre las personas de color, especialmente las personas negras e indígenas. Estas enfermedades son alimentadas por dietas ricas en grasas como el colesterol y azúcares refinados, y bajas en frutas frescas, verduras y legumbres. En nuestras comunidades, los niños se han críado con alimentos procesados, y ahora más de un tercio de los niños tienen sobrepeso o son obesos, con un aumento de cuatro veces en los últimos 30 años. Esto pone en riesgo la próxima generación con la probabilidad de padecer enfermedades crónicas de por vida, incluidos varios tipos de cáncer.

¿Qué podemos hacer? La comida sana es un derecho humano básico, no un privilegio reservado para los ricos. Para honrar este derecho, debemos resistir todos y cada uno de los intentos de desintegrar el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP).

Para obtener una lista completa de los pasos a seguir hacia un sistema alimentario justo y equitativo, consulte la plataforma de Soul Fire Farm. También puede unirse al reto de construir hábitos de equidad racial en  Food Solutions New England’s 21-Day Racial Equity Habit Building Challenge.


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Leah Penniman es agricultora, educadora, administradora de suelos y activista por la justicia alimentaria. Es codirectora y gerente de programas de Soul Fire Farm en Grafton, Nueva York, y autora de Farming While Black: Guía práctica para la liberación de la tierra.
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Meeting Needs & Shifting Culture

Meeting Needs & Shifting Culture

At Cooperation Humboldt, we believe that access to nutritious and culturally appropriate food is a fundamental human right.

by Tamara McFarland, Cooperation Humboldt

At Cooperation Humboldt, we believe that access to nutritious and culturally appropriate food is a basic human right, and must not be denied to anyone regardless of income level.

We’re working to return this region to a regenerative and life-sustaining food forest capable of supporting every resident with the food that they need for a healthy and active life.

Our Food Sovereignty projects have been developed through a strategic process of exploring goals, strategies, and tactics. We’ve carefully evaluated what services already exist in our community and focused on creating new and innovative projects. Our work meets tangible needs while empowering residents with new tools and skills and strengthening community connections.

We aim to address hunger not through charity but rather by providing folks with the information and materials they need to meet more of their own needs – and the needs of their communities – while reducing (and ultimately eliminating) reliance on the highly destructive industrialized/globalized food system.

LITTLE FREE PANTRIES

Our first food project focused on establishing Little Free Pantries as neighborhood hubs for resource sharing and relationship building. We’ve installed 25 Pantries in the greater Humboldt Bay area. They operate similarly to the more well-known Little Free Libraries – anyone can donate nonperishable food or personal care items, and anyone can take what they need, 24 hours a day. These little blue boxes have been embraced wholeheartedly by community members, with each receiving daily use.

LAWN CONVERSIONS

Our volunteers have also helped to convert about 20 front lawns into productive gardens featuring food plants as well as natives and pollinator plants. Like our Pantries, these lawn conversions are aimed at shifting the way food is viewed in communities – as an asset that we can collectively grow and share, rather than just a commodity to be bought and sold.

COMMUNITY FRUIT TREES

For the past three years, we’ve offered free fruit trees to community members and organizations willing to make the fruit available to anyone who wants some. We expect to complete planting our 230th fruit tree by April 2021.

MINI GARDENS

In Spring 2020, as the pandemic struck, we realized the need to get food resources to those who needed them the most. This led to the launch of our Mini Gardens project, and within six months we had delivered and installed 260 complete small garden setups to low-income residents. This not only provides food in the short term – it also empowers participants to grow more of their own food well into the future.

ARCATA COMMUNITY GARDEN

In partnership with Centro del Pueblo, Open Door Community Health Centers, and the Arcata Presbyterian Church, Cooperation Humboldt is now managing the community garden on the corner of 11th and F Streets in Arcata. The garden is filled with edible perennials, annuals, herbs and native plants, all cultivated as a sanctuary and community resource for underserved residents. We strive to create a space of learning, empowerment, nutrition, and regeneration.

EDUCATION

We provide educational resources relating to growing food including videos, in-person workshops and garden tours, printed materials, and more.

COMMUNITY FOOD GUIDE

The magazine you’re reading now has recently become part of Cooperation Humboldt’s Food Sovereignty program. When a new publisher was needed, we stepped forward because we knew what an important resource this Guide is for our local community, and we saw great potential for increasing its value even further. We hope you enjoy what you learn here, and we invite you to connect with us to create a community where food is understood to be a human right.

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Tamara McFarland (she/her) is a lifelong resident of Wiyot territory and a mother to two kids. She serves as Board Treasurer and Food Team Anchor for Cooperation Humboldt.
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Satisfacer las necesidades y cambiar la cultura

Satisfacer las necesidades y cambiar la cultura

En Cooperación Humboldt, creemos que el acceso a alimentos nutritivos y culturalmente apropiados es un derecho humano fundamental.

por Tamara McFarland, Cooperation Humboldt

En Cooperación Humboldt, creemos que el acceso a alimentos nutritivos y culturalmente apropiados es un derecho humano básico, y no se debe negar a nadie, independientemente de su nivel económico.

Estamos trabajando para devolver a este territorio la regeneración  de una vida sustentable con alimentos en un bosque, capaz de sostener a cada uno de los residentes con comida que ellos necesitan para su bienestar y sus actividades diarias.

Nuestros proyectos de soberanía alimentaria se ha desarrollado estratégicamente, explorando nuestras metas, estrategias y tácticas. Hemos evaluado cuidadosamente los servicios que ya existen en nuestra comunidad y nos hemos centrado en crear proyectos nuevos e innovadores. Nuestro trabajo satisface necesidades tangibles al tiempo que capacita a los residentes con nuevas herramientas y habilidades,  fortaleciendo la participación de la comunidad.

Nuestro objetivo es abordar el hambre no a través de la caridad, sino más bien proporcionando a las personas la información y los materiales que necesitan para satisfacer sus propias necesidades, y las necesidades de sus comunidades, al tiempo que reducimos (y finalmente eliminamos) la dependencia de los industrializados / globalizados altamente destructivos sistema alimentario.

Pequeñas Bodegas de despensas gratuitas

Nuestro primer proyecto de alimentos se centró en establecer Little Free Pantries (Pequeñas Bodegas de despensas gratuitas) como centros en vecindarios para compartir recursos y construir vínculos. Hemos instalado 25 despensas en el área metropolitana de Humboldt Bay. Operan de manera similar a las librerías abiertas, cualquiera puede donar alimentos no perecederos o artículos de cuidado personal, y cualquiera puede tomar lo que necesite, las 24 horas del día. Estas pequeñas cajas azules han sido acogidas con entusiasmo por los miembros de la comunidad, y cada una de ellas recibe un uso diario.

Sustituyendo los jardines de ornato

Nuestros voluntarios también han ayudado a convertir alrededor de 20 jardínes delanteros en huertos productivos con plantas comestibles, así como plantas nativas y polinizadoras. Al igual que nuestras despensas, la sustitución del jardín ornamental, tienen como objetivo cambiar el concepto de los alimentos en las comunidades, como un beneficio al poder cultivar y compartir colectivamente, en lugar de solo comprar y vender cómodamente nuestros alimentos.

Árboles frutales comunitarios

Durante los últimos tres años, hemos ofrecido árboles frutales gratis a miembros de la comunidad y organizaciones que deseen poner la fruta a disposición de cualquiera que quiera. Esperamos plantar 230 árboles frutales para abril del 2021.

Mini Jardines

En Primavera del 2020, cuando estalló la pandemia, nos dimos cuenta de la necesidad de llevar los recursos alimentarios a quienes más los necesitaban. Por ello comenzamos nuestro proyecto Mini Gardens, y en seis meses habíamos entregado e instalado 260 jardines pequeños para residentes de bajos ingresos. Con este programa se podrán proporcionar alimentos a corto plazo, y también permite a la comunidad cultivar más alimentos en un futuro.

Siembra comunitaria

En asociación con Centro del Pueblo, Open Door Community Health Centers y la Iglesia Presbiteriana de Arcata, Cooperation Humboldt ahora administra el jardín comunitario en la esquina de las calles 11 y F en Arcata. El jardín está lleno de plantas perennes comestibles, anuales, hierbas y plantas nativas, todas cultivadas como un santuario y recurso comunitario para los residentes desatendidos. Nos esforzamos por crear un espacio de aprendizaje, empoderamiento, nutrición y regeneración.

Educación

Brindamos recursos educativos relacionados con el cultivo de alimentos, incluidos videos, talleres personales y recorridos entre los jardín, materiales impresos y más.

Guía de comida comunitaria

La revista que está leyendo ahora se ha convertido recientemente en parte del programa de Soberanía Alimentaria por Cooperación Humboldt. Cuando se necesitaba un nuevo editor, dimos un paso adelante porque sabíamos lo importante que es esta Guía para nuestra comunidad local, sabiendo su gran potencial. Esperamos que disfrutes de la información que se puede aprender aquí y te invitamos a que te comuniques con nosotros para crear una comunidad donde la alimentación sea un derecho humano.

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Tamara McFarland (ella) es residente del territorio Wiyot y madre de dos hijos. Se desempeña como Tesorera de la Junta y Representante del Equipo de Alimentos para Cooperación Humboldt.

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What’s in a Social Justice Diet?

What’s in a Social Justice Diet?

You can make whatever diet you’re currently eating even healthier.

by Ray Levy-Uyeda; reprinted with permission from Yes! Magazine

Photo credit: North Coast Growers’ Association

Billions of dollars are spent telling individuals how to eat healthy. But even if you follow EAT-Lancet’s planet-friendly diet to a T, and your dinner plate is filled with gluten-free nutrivore fare, vegan locavore leafy greens, and ovo-pescatarian (wild caught!) omega-3’s, it still might be missing something. America’s industrialized food production and the dire nature of our planetary health raise the question: How do we add climate and social justice to our diet?

This year, members of the federal Dietary Guidelines Advisory Committee will convene to update their recommendations. But this effort to help guide Americans toward a “balanced” diet is also the product of lobbying by the dairy, grain, and meat industries, which have long been accused of pursuing dollars at the expense of health.

Considering the impact of environmental racism and the number of food deserts in the United States, it’s clear that food production and consumption are not just about personal decisions. It’s about politics and systems that determine who has healthy grocery options available and who does not. Existing guidelines not only ignore the needs of the climate and rely on intensive factory farming practices, but they assign blame for poor bodily health and quality of life based on “choices” that, for many people, simply do not exist.

What would it look like to be able to eat with justice—social, racial, economic, and climate—in mind?

HONOR TRIBAL TREATIES & FOOD SYSTEMS

Before we talk about eating, we have to talk about the land on which our food is grown. In contrast to the American colonial prioritization of extracting resources from the ground, rivers, and oceans, Indigenous food systems are built on a relationship with the land. But when Native peoples were forced to leave their lands—along with their soils and place-based expertise—they were robbed of the healthy diets they had developed over generations.

Genocide, forced assimilation, creation of reservation territories, and continuance of anti-Native policies have dispossessed Native people of two kinds of wealth: the ability to truly self-govern and manage their land, and the ability to build capital, which would enable individuals to make choices about how to live a healthy lifestyle.

“What we’ve noticed, and what I’ve aimed to do, is promote the simple enrichment of diets through our traditional foods, because we know that eating just one traditional food meal a week changes the blood,” says Valerie Segrest, a member of the Muckleshoot tribe and a director with the Native American Agriculture Fund. According to a 2019 U.N. report, Indigenous peoples steward 80 percent of the world’s biodiversity—plant and animal species that are essential to climate health.

But the U.S. government has an abysmal record of breaching treaties made with Native governments. And by replacing Native food systems with industrialized versions, Segrest says the U.S. harms the land and public health simultaneously. Native leaders, U.S. scientists, and public health officials say that chronic diseases, including diabetes, didn’t exist in Native communities until the mid-20th century. Now, Native people have the highest rate of diabetes of any racial and ethnic group in the U.S.
Segrest has worked with all of the tribes in Washington state to teach the importance of traditional ingredients and says that Native foods are the remedy to this health crisis: “What’s good for an Indian is good for everybody.”

GROW KNOWLEDGE & ANTI-RACIST PRACTICES

Ayanna Jones is a Black farmer, educator, and community organizer in Pittsburgh, Pennsylvania. She lives in a majority-Black community, which runs up against a number of institutionalized racist practices. “Food justice is huge for us,” Jones says, detailing how her community’s food options are limited to local grocery stores that often sell low-quality or spoiled produce.
Stores offering higher quality and healthier options are intentionally located in the wealthy White communities, where customers are thought to be more interested in and able to pay for them. For those who can afford to travel to these neighborhoods to shop, their dollars end up leaving their own communities.

With this in mind, Jones says she began to think about what it would look like to grow her own food, to become self-sufficient. She wanted to find a way to show young people in the community that their bodies were worthy of food that is not rotten or laden with sugar and salt.

In 2015, Jones started the Sankofa Village Community Garden to provide anti-food-apartheid education and community programs, including gardening for seniors and summer camps for youth. Here she teaches young people how to produce their own food and how their bodies feel when they eat food that’s good for them.

“I give them that mental food,” Jones says. “They’re discovering the myths they’ve been given about food and food justice.” But even when one learns that sugar-filled cereal won’t sustain a child throughout the school day, if parents aren’t paid a wage that allows them to purchase healthier options, it’s difficult to turn knowledge into action. Still, Jones believes that “information is power”—that knowing is better than not knowing. “I’m growing to educate,” she says.

SHIFT FOOD POLICY BY BUYING REGIONALLY

In nearly every corner of the country, it’s cheaper to purchase a liter of soda than it is to buy a head of broccoli; a 2013 study found that a “healthy” diet cost $550 more per person per year than an “unhealthy” one. For a family of four, that’s an extra $2,200 each year. “The system is set up to feed poor people more poorly,” says fifth-generation farmer Andy Dunham, who runs an organic vegetable operation in Grinnell, Iowa. “The only reason that soda is so cheap [is because] the United States government subsidizes the hell out of those crops: sugar cane and corn.” Billions of federal dollars are disbursed annually growing Big-Ag products: corn, soybeans, wheat, cotton, and rice, and to industries like big beef and big pork rather than small family farmers.

“I don’t think people have any idea about how much we spend on policy that [is] environmentally degrading,” Dunham says. To combat today’s industrial production, he calls for establishing ecologically diverse farming systems and a managed grazing system that allows soil to sequester carbon. And empowering people to know the difference. If consumers and voters understand the environmental implications of what they’re purchasing and which businesses they’re supporting through their consumption, then food policy at the federal level might look different. “Having a food literate society allows for policy to be sane,” he says.

In terms of what that translates to on the plate, Dunham says climate justice eating is about having a region-based diet. That doesn’t always mean picking plants over meat; it means taking into consideration where your food was raised and what kinds of energy, chemicals, and transport went into that process. You may need to change your approach to menu planning to reflect what’s in season, rather than relying on production somewhere that’s enjoying summer during your winter. This approach supports local farmers and keeps the carbon footprint of your food relatively low.

SUPPORT COMMUNITY-RUN COLLECTIVES

All forms of structural inequalities are made visible in the industrialized food system—from production to consumption, says Victor Brazelton, a community activist and educator with Planting Justice, an Oakland, California-based grassroots organization that works to cultivate food sovereignty, economic justice, and community healing through individual and communal empowerment. Planting Justice hires organizers, farmers, and activists who were formerly incarcerated. Part of its work is to combat current-day colonization and community displacement by building access to organic food through community gardens and educating kids about what healthy food looks and tastes like. “Food is medicine,” Brazelton says. Sustainable farming practices heal people and the planet.

“Community first starts wherever you are,” Brazelton adds, which includes acknowledging and collaborating with the people who originally stewarded the land. In the East Bay of California, the state government forced Ohlone tribes from their land through violence, but despite this, they still live and practice Ohlone culture today in what’s now called Oakland. Planting Justice developed a partnership with the Sogorea Te’ Land Trust, which works to repossess stolen Ohlone land. Planting Justice is currently working to pay off a 2-acre land parcel, and when it does, it will hand the deed over to the Land Trust.

“What’s really important is people having agency over their food,” says Molly Scalise of FRESHFARM, a D.C.-based food justice organization. FRESHFARM brings healthy food directly to communities through farmers markets, in-school programs, and gleaning programs, which distribute unsold produce to shelters. The organization also runs a farm-share through local schools, where parents can purchase produce at a subsidized rate using SNAP benefits. Scalise says this is necessarily a collaborative effort with D.C. residents to make sure it’s “not invasive or intrusive.” She says solutions arise from working with neighbors and communities.
The goal is making options more accessible to consumers in order to impact community health while ensuring that local farms remain profitable.

DEVELOP RELATIONSHIP-ORIENTED FOOD SYSTEMS

How can we begin to talk about justice when those most impacted have the least access to decision-making tools and systems? That question is at the center of Jamie Harvie’s work. Harvie is the executive director of the Institute for a Sustainable Future, which works to build solutions for ecological health through advocacy and research. A food justice diet, he says, must mitigate climate impact, reduce poverty, and ensure that decision-making processes include those most impacted.

Ultimately, Harvie says, what’s good for the climate will be good for people too. But White, Western, colonial systems have conditioned many of us out of the understanding that food systems and communal health are connected.

Food justice must return systems to communities, Harvie explains. Organizations like Oregon Rural Action tackle food injustice from a farming and policy perspective, by working to change state laws that allow farmers to sell directly to consumers, as well as collaborating with the state’s Department of Energy to provide low-interest loans to schools upgrading their energy systems, and building access to local farmers markets. Local food systems that are communally owned and operated allow for communal wealth creation. This means that food is not only eaten in the same region where it is produced, but the financial and public health benefits uplift the community as well.

Tying together food and climate justice isn’t an intellectual exercise, Harvie notes. Justice work, in any form, is about creating and sustaining relationships with one another, including the relationships with the Earth and our food systems. We have to do the hard work of moving from a transactional, colonial, and capitalist model of feeding ourselves to a relational model of feeding and caring for each other.

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Ray Levy-Uyeda is a Bay Area-based freelance writer who focuses on gender, politics, and activism.
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TAKE ACTION LOCALLY

  • Buy locally grown food. Join a CSA (Community Supported Agriculture); see more information on page 91.
  • Grow some of your own food. Even a little bit helps – set a manageable goal, like 10% of your vegetables, and take it from there.
  • Garden in the community. Coordinate and share with your friends, family and neighbors. Strengthen local sharing and trading networks.
  • Pay an Honor Tax to the Indigenous people whose land you inhabit. An Honor Tax is a tangible way of honoring the sovereignty of Native Nations. The tax is voluntary, the amount is decided by each individual/organization, and it is paid directly to the tribal entity. Look up the Indigenous history of where you live at www.native-land.ca.
  • Cooperation Humboldt is a nonprofit working to create a community where food is understood to be a human right, and no one goes hungry due to lack of wealth or income. Volunteers are needed to plant community fruit trees, stock Little Free Pantries, install mini gardens for low-income residents, plan events, and produce the Community Food Guide you’re reading now. More information at www.cooperationhumboldt.org and here.

Reactivando las relaciones con nuestra forma de alimentarnos

Reactivando las relaciones con nuestra forma de alimentarnos

Historia sobre la soberanía alimentaria indígena en California.

por Cutcha Risling Baldy, Ph.D. & Kaitlin Reed, Ph.D., Co-directores del Laboratorio de Soberanía Alimentaria de Estudios Nativos Americanos en la Universidad Estatal de Humboldt

Los pescadores se reúnen en la desembocadura del río Klamath en la orilla norte donde se encuentra con el Océano Pacífico. Los Yurok utilizan tradicionalmente pequeñas redes que se arrastran a mano a lo largo de las costas. Autor de la foto: Joel Redman / If Not Us Then Who www.ifnotusthenwho.me

En el corazón de la soberanía alimentaria se encuentra la autodeterminación de las personas, y las comunidades, sobre sus sistemas alimentarios. La Declaración de Nyéléni (Ni-ye-leni) define la soberanía alimentaria como “el derecho de los pueblos a una alimentación sana y culturalmente apropiada, producida mediante métodos ecológicamente racionales y sostenibles, y con el propio derecho de definir sus propios sistemas alimentarios agrícolas”.

Hay seis principios de soberanía alimentaria:

  • Enfocarse en alimentar personas sanamente
  • Valorar a los productores de alimentos
  • Localizar  los sistemas alimentarios
  • Tomar decisiones a nivel local
  • Desarrollar lo conocimientos y habilidades
  • Trabajar con la naturaleza.

La soberanía alimentaria también se trata de enfocar las voces indígenas en el cómo avanzamos colectivamente, en la construcción de sistemas alimentarios sostenibles. Los sabios indígenas Devon Mihesuah y Elizabeth Hoover escribieron “el concepto de soberanía alimentaria indígena,  no se centra únicamente en los derechos a la tierra, la alimentación y la capacidad de regular un sistema de producción, sino también la responsabilidad y relacion que existe a nivel cultural, ecológico y espiritual.” Por lo tanto, la revitalización de las fuentes tradicionales de alimentación a través de la soberanía alimentaria indígena es fundamental para la forma en que construimos la soberanía alimentaria en nuestra región.

ALIMENTACION Y SU BUENA RELACION

En todo California, pero especialmente en el norte de California, los pueblos nativos mantienen fuertes relaciones con sus fuentes de alimentos tradicionales. Los sistemas alimentarios nativos tradicionales, las prácticas ecológicas y los conocimientos científicos de los indígenas incluían sistemas alimentarios muy sofisticados, bien pensados ​​y complejos la cuál requiere de una gestión ecológica continua.

En California hay varios ejemplos claros de cómo los indígenas de California practicaron un sistema complejo de manejo de alimentos de manera sustentable continua y abundante. Por ejemplo, la rosa y quema fue una práctica que prevenía incendios forestales catastróficos al mismo tiempo que aumentaba drásticamente los sistemas de producción de alimentos y apoyaba prácticas culturales como el tejido de cestas. Hay varios ejemplos documentados de exploradores que describen California como un “jardín bien cuidado” y también observando cómo el paisaje fue moldeado significativamente por las prácticas ecológicas de los nativos de California.

En esta región, siempre ha habido movimientos y esfuerzos para mantener la soberanía alimentaria de las naciones tribu. Nuestra región es vibrante con programas, organizaciones y líderes nativos que han construido movimientos líderes considerando la soberanía alimentaria en torno al salmón, las bellotas, los jardines tradicionales y “Cocinar saludablemente en el país indígena“.

Autor de la foto: Dr. Cutcha Risling-Baldy

EQUILIBRIO INTERRUMPIDO

Cuando el colonialismo invadió California, los colonos intentaron no solo matar y expulsar a los pueblos indígenas, sino que también suplantaron su gestión ecológica que redujo drásticamente la producción de alimentos de la que dependían los pueblos indígenas.

Durante el sistema de Misión Española, los Padres prohibieron a los nativos comer sus alimentos tradicionales. Se pensaba que la separación de los pueblos indígenas de su forma de alimentarse era una forma de civilizar y controlar a los pueblos indígenas. También obligaron a los pueblos indígenas a trabajar en campos agrícolas, eliminando plantas nativas y reemplazándolas con cultivos como uvas (para vino) y maíz. Negarse a trabajar para la misión  resultaba en azotes o secuestros, entre otros castigos violentos. Incluso hay historias de algunas misiones que enfrentan la inanición debido a la dependencia excesiva del cultivo de alimentos no nativos y la negativa de los Padres a permitir que los pueblos nativos proporcionen bellotas a todas las personas en las misiones. Los padres dijeron que preferirían que la gente se muriera de hambre antes que comer alimentos nativos.

La fiebre del oro fue uno de los momentos más violentos en la historia de California reduciéndose un 90% en la población indígena de California. El estado de California apoyó un intento de genocidio de indígenas al legalizar la esclavitud de los indígenas y también al autorizar a una milicia de voluntarios en California para matar a los indígenas. A cada región de California se le permitió establecer su propio precio para pagar el cuero cabelludo y la cabeza de los nativos americanos, y donde variadas regiones establecieron precios en números como $5 por cabeza o 25 centavos por cuero cabelludo.

La Ley Gubernamental para la Protección de los Indígenas  en 1850, permitió la esclavitud de los pueblos indígenas como “aprendices”. Los registros del condado de Humboldt reflejan que la mayoría de las personas esclavizadas bajo esta ley eran niñas de entre 7 y 12 años. Este sistema de esclavitud vulneró a los nativos para practicar sus tradiciones  alimentarias.. En un momento, era demasiado peligroso salir y reunirse o tratar de transmitir este conocimiento entre generaciones, nuestras mujeres y niños estaban siendo objeto de secuestro y esclavitud.

Cuando pensamos en todo lo que se tuvieron que adaptar y sacrificar los nativos, debemos recordarnos que nuestra desconexión hacia los alimentos ancestrales no se debió a que “perdimos” nuestra cultura o nuestro conocimiento, esta desconexión se vió obligada por medio de la violencia. Estos conocimientos nos fueron arrebatados violentamente por la colonización.

Las prácticas de ataque del gobierno de los Estados Unidos contra la soberanía alimentaria fueron una forma de expulsar por la fuerza a los pueblos indígenas de sus tierras continuaron en todo el país. George Washington, referido por los Haudenosaunee como el “destructor de ciudades”, era conocido por su política de “tierra en llamas” en la que ordenó que se destruyeran los campos agrícolas de los Haudenosaunee y se quemara la tierra para que los cultivos no pudieran prosperar en la región. El gobierno de los Estados Unidos ordenó una matanza masiva de búfalos en su intento por debilitar y matar de hambre pueblos nativos de las Grandes Llanuras. En California, la Oficina de Asuntos Indígenas realizó un informe para discutir cómo podrían erradicar los robles con la esperanza de destruir la relación de los indios de California con las bellotas que seguían siendo un alimento de la dieta básica.

Los pueblos nativos, como resultado de ser forzados a permanecer en las reservas, fueron sometidos a raciones alimenticias del gobierno, en algunos casos, esas raciones se retenían a  tribus que resistían la continua invasión del gobierno de los Estados Unidos.

Luego, el estado impuso sistemas educativos, como internados, alejando por la fuerza a los niños indios de sus familias, separándolos de su cultura y soberanía alimentaria.

La aprobación de la Ley Dawes en 1887 trató de obligar a los pueblos nativos a acceder a tierras de propiedad comunal por propiedades privadas. También intentó obligar a los pueblos nativos a practicar la agricultura occidental. La destrucción de la soberanía alimentaria continuó debido a los cambios ambientales como la represa de ríos, inundación de tierras nativas, y políticas como la remoción, reasignación y reubicación.

El despojo de tierras indígenas fue la forma en que el estado de California pudo convertirse en una de las principales economías del mundo. Este despojo de tierras impide que los nativos accedan a sus fuentes de alimentos hasta el día de hoy. Las tierras nativas se tomaron a través de políticas como la creación de parques nacionales y estatales que continúan impidiendo a los pueblos originarios  el acceso a alimentos,elementos culturales y lugares sagrados. Cuando hablamos de recuperar nuestros alimentos, no solo se trata de la comida, también se trata de recuperar la historia, los idiomas, prácticas culturales y la conexión con nuestras tierras.

Autor de la foto: r. Cutcha Risling-Baldy

RESTAURACIÓN LIDEREADA POR EL PUEBO INDÍGENA

Nuestros recursos alimentarios se ven constantemente amenazados, como el salmón, amenazado por las incautaciones de agua y los proyectos propuestos de infraestructura acuícola. La pandemia de COVID-19 también nos recordó cuán precario sigue siendo el sistema alimentario dentro de nuestras regiones locales en tierras nativas.

El Proyecto de Seguridad Alimentaria Tribal de la Cuenca de Klamath encontró que el 92% de los hogares nativos americanos en las regiones de Humboldt / Del Norte padecen de inseguridad alimentaria y el 70% nunca o rara vez tienen acceso a alimentos nativos. El 64% de los hogares nativos depende de asistencia alimentaria y el 84% se preocupa por su próxima comida.

Mientras nos encontramos tabajando por la soberanía alimentaria de nuestros pueblos indígenas y comunidades que han sido un blanco de explotación historico hasta el actual,  atravéz de prácticas comtemporaneas.  Comunidades rurales en estado de pobreza, como los pueblos originarios, tienen menos acceso a una sana alimentación y comunmente enfrentan una de los mas altos índices de diabetes y otros problemas de salud en la nación. La soberanía almentaria no se trata solo sobre reconectar nuestro conocimiento y practicas, también ha sido un problema ambiental y de justicia social. Nuestros conocimientos y tradiciones al rededor de la alimentación puede ayudarnos aconstruir futuros mas seguros.  Las comunidades rurales y pobres, como los grupos originarios, tienen menos acceso a alimentos saludables y, a menudo, enfrentan algunas de las tasas más altas de diabetes y otros problemas de salud a nivel nacional. La soberanía alimentaria no se trata solo de reconectar con nuestros conocimientos y tradiciones; también es cuestión de justicia ambiental y social. Nuestros conocimientos alimentarios tradicionales pueden ayudarnos a construir un futuro más sólido.

Lo que ves hoy en día en nuestra región es una conección que hemos estado luchando, por la soberanía alimentaria durante más de 150 años, y continuar llevando nuestros conocimientos hacia un futuro a pesar de los muchos intentos de destruirnos a nosotros y nuestra relación con la tierra  y el alimento.

Aprender sobre la soberanía alimentaria nos demuestra cómo y por qué la importancia de las relaciones con nuestras fuentes de alimentación, es fundamental para la existencia del pueblo y la naturaleza. La académica y activista nativa americana de renombre internacional Winona LaDuke afirma que “la soberanía alimentaria es una afirmación de quiénes somos como pueblos indígenas y … una de las formas más seguras de restaurar nuestra relación con el mundo que nos rodea”.

Creemos en revivir nuestra relación con la alimentación y la soberanía alimentaria, esto nos permite reconocer esa relación y esperamos encontrar otras muchas formas más en que podemos continuar apoyando el trabajo comunitario local.

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La Dra. Cutcha Risling Baldy (ella ) es la directora del departamento y profesora asociada de estudios nativos americanos en HSU y codirectora del Laboratorio de Soberanía Alimentaria de NAS y el Espacio de Taller Cultural. Ella es Hupa, Karuk y Yurok y está inscrita en la Tribu del Valle Hoopa.
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La Dra. Kaitlin Reed (ella) es profesora asistente de estudios nativos americanos en HSU y codirectora del Laboratorio de Soberanía Alimentaria de NAS y el Espacio de Taller Cultural. Ella es Yurok, Hupa y Oneida y está inscrita en la Tribu Yurok.
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¡Bienvenid@s!

Apples at the Farmer's Market

autor de la foto: North Coast Growers’ Association

¡Bienvenid@s!

El trabajo para crear esta publicación se llevó incesantemente a cabo en el territorio Wiyot. Somos afortunados de vivir, trabajar, jugar y crecer en este lugar, rodeados de belleza y abundancia, agradecidos con los habitantes originales de esta tierra por su guía, tenacidad y generosidad.


Querid@ lector@,

En nombre de las docenas de personas locales que colaboraron para dar vida a esta edición, ¡bienvenid@s a la Guía de alimentos de la Comunidad 2021!

La revista que tienes en tus manos presenta recientemente algunos cambios. Después de cuatro años de existencia como Local Food Guide de Locally Delicious, Cooperación Humboldt ha asumido con entusiasmo la publicación de la Guía.

Naturalmente, en Cooperación Humboldt creemos que el acceso a alimentos nutritivos y culturalmente apropiados son derecho humano fundamental que nunca debe depender de un estatus económico o de los ingresos.

Trabajamos arduamente para crear una revista que promueva el acceso, la equidad, la educación y el empoderamiento en nuestro sistema alimentario local a través de las siguientes prioridades:

  • Honrar la historia, el conocimiento cultural y las experiencias de los pueblos indígenas locales , centrando sus voces.
  • Crear una herramienta atractiva, accesible y útil, que pueda apoyar específicamente a los más necesitados.
  • Apoyar a las empresas de alimentos locales, especialmente aquellas que históricamente han enfrentado desafíos para acceder a los recursos, incluidos aquellos que pertenecen y son operados por BIPOC y personas LGBTQ +.
  • Promover la justicia y la localización de nuestro sistema alimentario.

Hemos aprendido mucho durante este primer año del proceso de publicación y estamos agradecidos por toda la paciencia y el apoyo que recibimos.

Esperamos que disfrute de la Guía, la compartan y nos hagan saber cómo la han utilizado apoyando la soberanía alimentaria local.

Hou ’(gracias),

Tamara McFarland

Editor;  Representante del Equipo de Alimentos

para Cooperación Humboldt

2020 Mini Garden Recipients Invited to Supplies Giveaway 4/25/2021

If you received a mini garden last year from Cooperation Humboldt, you’re invited to a supplies giveaway on Sunday, April 25th from noon-2:00 p.m. at the parking lot across from Redwood Acres in Eureka. We’ll have bags of compost (so you can add nutrients to your soil to prepare it for another year’s planting) and plant starts available for free, plus educational materials and experienced gardeners on hand to answer questions.

Questions? Email tamara.mcfarland@cooperationhumboldt.com.